lunes, 8 de septiembre de 2014

LA GRAN ESTAFA

Por Daniel Hernández García


Este artículo podría bien haber estado en el olvido. Allá por la España del siglo XIX, y ahora es como si rescatáramos del fondo de la hemeroteca de una biblioteca obsoleta y antigua. Es solo ojear un libro de historia y hacer un análisis comparativo con lo que pretende el Partido Popular en su reforma electoral.
¿Se acuerdan del llamado “turnismo”, entre Antonio Cánovas del Castillo y Práxedes Mateo Sagasta?, Una traducción más acorde sería el denominado “caciquismo” entre liberales-conservadores y liberales-progresistas. Aquello fue montado como un chiringuito particular entre ambos, para repartir el pastel cada cual les convenía. Un ejercicio de casi nula democracia, con matices censitarios así como pucherazos electorales en forma traducida de compra de voto.
No podemos aplicarlo al extremo en este caso en particular, aunque si se dan unas series de semejanzas más que palpables. Rajoy, busca principalmente con esta reforma, sostener los reductos aún populares, donde se están tambaleando a costa de las fuerzas más a la izquierda del panorama electoral español. Este hecho, unido al poco atractivo regeneracionista que ofrece el Partido Popular, han desembocado en una propuesta de reforma electoral que rompe totalmente con el equilibrio de fuerzas de los partidos políticos, convirtiendo sus llamadas propuestas regenerativas en más bien degenerativas.
El avance de fuerzas políticas con medidas más radicales y orientadas hacia otros modelos sociales, económicos y políticos, han propiciado que invada un clima de miedo en las filas populares, que en vez de atraer al ciudadano mediante propuestas regenerativas, han optado por utilizar (y una vez más) el uso del poder, para preparar una reforma claramente lejos de las posturas de las fuerzas de la arena política española.
Mas allá de que cabe la posibilidad de una alianza venida por la izquierda, el ciudadano español de a pie, debe sentirse frustado por la poca modernización de la política española. El Partido Popular arrastra tras de sí, una legislatura con promesas cambiadas, ilusiones que no llegan y una decepción profunda hacia el electorado de las pasadas elecciones generales. La reforma electoral es solo la punta del iceberg de esta gran estafa democrática de la clase política vigente, en lejanía a lo que se espera de la cosa pública.
La fuerza que arrastra la izquierda española, no precisamente socialdemócráta, ha hecho entrar en pánico a la derecha, que junto con el mal llamado progresismo, caminan juntos de la mano de manera chocha, vieja y barata, sin visas hacia un futuro de una España moderna y joven.
Más allá de las etiquetas ideológicas, y de las medianías políticas existentes, es recomendable al gobierno que se siente y reflexione que supondría este caciquismo castilloniano-sagastiano, que  hagan uso de sus formas de “Gentes de Estado” no solo en defender la unidad territorial de nuestro país, algo absolutamente necesario y prioritario, si no para atraer a los españoles con propuestas serias, que caminen hacia una democracia más abierta, plena, libre, que mejore la intensidad vigente y no se agarren con reformas de este calado tan propias de un gobierno pendiente del miedo no solo a lo que venga por su lado izquierdo, si no del riesgo a perder su silla electoral.
En definitiva señor Rajoy, camine hacia más democracia.

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